La redención de Dunga y la ascensión de Romario

Tierra del básquet, del beisbol y del fútbol jugado con las manos, los Estados Unidos se rindieron al soccer, como ellos llaman al deporte más popular del planeta, para recibir la 15ª edición del Mundial de la FIFA. Las dudas sobre la participación de la población enseguida se disiparon: el Mundial de 1994 tuvo la mayor cantidad de público de la historia del evento, 3.587.538 espectadores, y fue marcado por otros números igualmente impresionantes, incluyendo el tetracampeonato de Brasil.

Los americanos vieron de cerca nada menos que 141 goles, la mejor marca desde 1982. Durante las eliminatorias, 147 selecciones disputaron 24 vacantes. Además, el camaronés Roger Milla trató de dejar otro record para la posteridad: él se convirtió en el atleta más viejo en marcar un gol en un Mundial. Milla tenía 42 años, un mes y ocho días cuando anotó el gol del honor de Camarones en la derrota por 6 a 1 contra Rusia. El mismo partido también estableció otra marca en Mundiales: el ruso Oleg Salenko hizo increíbles cinco goles en un sólo partido.

El Mundial de 1994 también quedó marcado en la memoria de los simpatizantes por causa de dos episodios. El primero fue el doping del argentino Diego Maradona, que fue sorprendido en el examen antidoping que detectó efedrina, droga usada para adelgazar y también un poderoso estimulante. Llamado de apuro para la repesca de las eliminatorias contra Australia, Maradona consiguió entrar en forma rápidamente perdiendo 13 kilos. En el Mundial, marcó un gol contra  Grecia y después lideró a los argentinos en el triunfo sobre Nigeria. Pero con el doping fue eliminado del torneo, aun jurando inocencia. Y la Argentina dio su adiós al perder con la excelente Rumania de Gheorghe Hagi.

El segundo episodio que quedó vinculado negativamente al Mundial fue la muerte del defensor colombiano Andrés Escobar. El jugador hizo un gol en contra en el partido frente a los Estados Unidos, aun en la primera fase del Mundial 1994. La infelicidad resultó en la derrota de los colombianos por 2 a 1 y en la eliminación precoz de la selección suramericana. Después de volver para casa, Escobar fue asesinado en frente a una discoteca en la ciudad de Medellín. Aunque nunca haya sido completamente aclarado, el crimen habría sido encomendado por apostadores colombianos que perdieron mucho dinero con el resultado del juego.

Resultados inusitados en el campo de juego

Antes de que la pelota rodara en los campos de los Estados Unidos, algunas tradicionales selecciones del fútbol mundial ya estaban fuera de la fiesta. Campeón de la Eurocopa de 1992, Dinamarca no pasó siquiera de las eliminatorias, así como Inglaterra y Francia.

En los grupos del Mundial, más resultados inusitados.  Colombia, que contaba con aquella que es considerada la mejor generación de jugadores de la historia del país suramericano (Higuita, Valderrama, Aristizabal, Rincón y Asprilla, por ejemplo) fue eliminada rápidamente en la primera fase, con derrotas contra Rumania y los Estados Unidos.

Arabia Saudita, a su vez, consiguió la proeza de clasificarse para la segunda fase de la competición. Después de vencer a Marruecos, por 2 a 1, los árabes consiguieron un triunfo histórico sobre Bélgica. El atacante Saeed Owairan se convirtió en héroe después de salir gambeteando a varios jugadores y marcar uno de los goles más bonitos de los Mundiales. El sueño árabe sólo terminó en los octavos de final, con una derrota por 3 a 1 contra Suecia.

Por primera vez, la victoria valía tres puntos.  Italia pasó sofoco para conseguir clasificarse. Enseguida en el estreno, derrota por 1 a 0 contra Irlanda. Después, una pobre victoria sobre  Noruega y un empate frente a México. La vacante solo vino porque los italianos fueron uno de los cuatro mejores terceros posicionados.  Pero la Azurra tenía a Roberto Baggio. Y fue él el salvador de la patria en los octavos de final, frente a Nigeria. Hizo dos goles: uno de ellos en la prórroga y un gol más del mediocampista en los cuartos de final, contra España.

Italia tuvo que enfrentar a Bulgaria en la semifinal. Los búlgaros tenían a Hristo Stoichkov. En el auge de la carrera, se convirtió en goleador del Mundial de 1994 junto al ruso Salenko, con seis goles. Uno de ellos fue justamente contra Italia. Pero Roberto Baggio marcó dos goles más y llevó a los italianos para la final.

Rumbo al tetracampeonato

Brasil llegó a los EUA bajo desconfianza.  La clasificación durante las eliminatorias vino luego de pasar por sofocaciones. El técnico Carlos Alberto Parreira fue obligado a rendirse al llamado popular y convocó a Romário para el último partido de las eliminatorias, contra Uruguay. Resultado: 2 a 0 con show del “bajito”. Después, Romário comprobaría definitivamente, que el pueblo tenía razón.

 El equipo armado por Parreira era considerado defensivo y muy cerebral.  Jugadores como Mauro Silva y Mazinho fueron muy criticados, sin hablar de Dunga. El atacante era recordado como el gran ícono del fracaso brasilero en el Mundial de 1990, que quedó conocido como la “Era Dunga”. Pero volvió en 1994.

En la primera fase Brasil no tuvo mucha dificultad, a pesar de que el hasta entonces capitán Raí (considerado el crack del equipo) mostró tan poco fútbol que terminó en el banco de reservas. El brazalete pasó para Dunga. En los octavos de final, un encuentro con los dueños de casa. El favoritismo era brasilero pero el juego fue durísimo y la clasificación sólo vino a los 20 minutos finales del encuentro con un gol de Bebeto. 

En los cuartos de final, el partido más emocionante. Los brasileros tuvieron que enfrentar la Holanda de Bergkamp, Rijkaard y Overmars. En el comienzo del segundo tiempo, la Selección abrió 2 a 0, con derecho a la famosa conmemoración de Bebeto, que fingió arrullar un bebé en homenaje al nacimiento de su hijo. Pero los holandeses, con Dennis Bergkamp y Aron Winter, buscaron el empate. Fue entonces que el lateral Blanco, también muy criticado, forzó una infracción en el mediocampo, tomó la pelota y se preparó para la ejecución. Con un fuerte tiro, el balón hizo una curva inimaginable, casi raspó las espaldas de Romario y además pegó en el palo antes de morir en la red: 3 a 2.   

En la semifinal, más sofocación, esta vez contra Suecia. El marcador permaneció inalterado hasta los 35 minutos del segundo tiempo. Cuando la prórroga parecía inevitable, Romario apareció por detrás de los grandulones suecos para rematar de cabeza. El gol puso a la Selección Brasilera en la final del Mundial 24 años después del tricampeonato de 1970. Y el adversario sería justamente Italia, vice en el 1970.

De un lado, Romario de Souza Faria. Del otro, Roberto Baggio. Los brasileros todavía estaban atragantados con los italianos por causa de la “Tragedia de Sarriá”, en 1982. Los italianos, a su vez, también buscaban el tetra y no olvidaban que la última final entre los dos países había terminado en goleada tupiniquim

El juego, muy estudiado de ambos lados, tuvo pocas chances de gol. Y el 0 a 0 perduró hasta el final de la prórroga. Por primera vez en la historia, el título mundial sería decidido en las ejecuciones de los penales. La ejecución de Romario pegó en el travesaño y entró. Lo que nadie esperaba sucedió cuando Roberto Baggio se preparó para pegarle al balón. Justamente el responsable por llevar a una poco brillante Azurra hasta la final, se convirtió en villano de los italianos al mandar la pelota para el espacio en la ejecución que definió el campeonato. Brasil volvía a reinar, se convertía en el primer tetracampeón y veía a Dunga alcanzar su redención al levantar la copa. Pero la Copa era verdaderamente del bajito Romario.

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Fonte dos dados: Fifa.com