Maradona comanda a Argentina

El Mundial de 1986 fue responsable por exaltar un jugador más al Olimpo del fútbol. Hasta aquel año, el argentino Diego Armando Maradona era solo un excelente mediocampista, habilidoso como pocos, pero con un historial de indisciplina y polémicas. Después de aquel mes de junio en México, sin embargo, Dieguito se convirtió en un mito. Para todos, un genio con la pierna izquierda; para muchos, comparable hasta con el mismo Pelé; para los argentinos, un semidiós.

Como Colombia desistió de organizar el Mundial, por problemas financieros, le tocó a México el honor de ser el primer país en recibir un Mundial de la FIFA por segunda vez.  Un terremoto en septiembre de 1985 casi echó todo a perder, pero  la tragedia hizo que el pueblo mexicano se uniera y aprovechara el Mundial para celebrar la reconstrucción del país.

El Mundial de 1986 tuvo un nuevo formato, con el fin de la segunda fase de grupos dando lugar a una serie de juegos eliminatorios, que comenzaban en las octavas de final. Así, los cuatro mejores terceros colocados de cada grupo también siguieron adelante.

La Argentina no era la principal favorita. Francia, por ejemplo, tenía a Michel Platini ya consagrado mundialmente.  Inglaterra contaba con su mejor equipo en mucho tiempo, incluyendo a Gary Lineker, que con seis goles marcados se convirtió en el goleador del Mundial. Traumatizado por la derrota en 1982, Brasil aún tenía a Zico, Sócrates, Júnior y Falcão, el mismo técnico Tele Santana y ganas de corregir una injusticia histórica. Italia era la campeona del mundo y Alemania Occidental, entrenada por Beckenbauer, tenía a Lothar Matthäus como sucesor para el legendario líbero.

Además hubo espacio para sensaciones como la Dinamarca de Michael Laudrup. Los nórdicos vencieron tres partidos en la primera fase, encantaron con su fútbol ofensivo, golearon al bicampeón Uruguay por 6 a 1 y terminaron siendo llamados de “Dinamáquina”. Una bella tarjeta de presentación para la selección que al lado de Canadá e Irak, debutaba en Mundiales.

La Unión Soviética,  España de Emilio Butragueño y Bélgica, también mostraron mucha fuerza pero terminaron quedando por el camino así como el sorprendente Marruecos, que fue el primer país africano en superar la primera fase del Mundial al vencer su grupo gracias a una victoria de 3 a 1 sobre Portugal. Los marroquíes sin embargo, acabaron eliminados rápidamente por Alemania Occidental.

Pero nadie fue rival para la camiseta diez argentina. Maradona marcó cinco goles, creó la jugada de otros cinco de los 14 convertidos por la Argentina, hizo aquel que es considerado el más bonito de la historia de los Mundiales y además protagonizó la jugada irregular más famosa de todos los tiempos.

En la primera fase los argentinos sumaron dos victorias, sobre Bulgaria y Corea del Sur, y un empate frente a Italia. En los octavos de final, 1 a 0 sobre el rival y vecino Uruguay. El brillo de Maradona se intensificó en los cuartos de final. El adversario era Inglaterra. Sería la primera vez que los dos países se enfrentarían desde la Guerra de las Malvinas. Los argentinos abrieron el marcador con una trampa de Dieguito, que dio un toque de mano en el balón para superar al arquero Peter Shilton. El árbitro validó el gol, y después, Maradona bautizaría la jugada como “La mano de Dios”. 

Pero el segundo gol del camiseta 10 en el partido contra los ingleses seria todavía más antológico. Maradona recibió la pelota en su campo de defensa, de espaldas para el ataque. Con un giro, dejó atrás al primer marcador y partió en un arranque memorable, gambeteando a cinco jugadores ingleses incluido el propio Shilton, antes de empujar el balón para la red. Lineker aun consiguió disminuir, pero los argentinos avanzaron para la semifinal y el diario francés L'Équipe salió con aquella que, tal vez, sea la mejor definición del eterno ídolo: "Mitad ángel, mitad demonio".

Maradona hizo dos goles más, memorables en la victoria de Argentina sobre Bélgica en las semifinales, haciendo callar al arquero Jean Marie Pfaff, que lo menospreciaba antes del juego. En la final, también estaban los alemanes, que así como en 1982, eliminaron a Francia de Michel Platini en las semifinales.

En la final, el técnico alemán Franz Beckenbauer puso a Lothar Matthäus para marcar a Maradona de cerca. Quien abrió el marcador fue el defensor argentino José Luis Brown, que jugó buena parte del partido con la mano lastimada. Jorge Valdano aumentó la ventaja. Los alemanes sin embargo, demostraron una vez más su increíble capacidad de reacción y empataron con goles de Karl-Heinz Rummenigge y Rudi Völler. Pero ni siquiera el mismo Matthäus consiguió retener a Maradona. A los 38 minutos del segundo tiempo, Dieguito dio un pase primoroso para que Jorge Burruchaga marcara el tercero de la Argentina y garantizara el bicampeonato mundial.

Problemas del comienzo al fin

Después de encantar al planeta en 1982 pero salir frustrado del Mundial de España,  Brasil tenía la esperanza de una superación, ya que todavía contaba con cracks como Zico y Sócrates. Pero fueron muchos los problemas acumulados durante la preparación. El técnico Tele Santana que asumió el equipo poco antes del Mundial en el lugar de Evaristo de Macedo, suprimió al atacante Renato Gaúcho y vio al lateral izquierdo Leandro desistir del Mundial en solidaridad al amigo. Lastimado, Zico tuvo que esforzarse mucho en el tratamiento para tener mínimas condiciones de entrar en campo. Para empeorar, Falcão también luchaba contra una lesión.

El resultado de todo eso fueron las pobres victorias sobre España y Argelia en la primera fase. En el tercer juego contra  Irlanda del Norte, Tele escaló el lateral Josimar en el lugar del contundido Édson. Brasil creció e hizo el 3 a 0, con un gol de Josimar y dos de Careca. En los octavos de final, Polonia no ofreció dificultades. Josimar marcó nuevamente así como Careca, y la selección brasilera aplicó un sonoro 4 a 0.

Pero la alegría duró poco. En los cuartos de final el adversario era Francia, campeona europea y que contaba con Michel Platini. Así mismo Brasil salió adelante con Careca. El propio Platini empató aun en el primer tiempo. En la segunda etapa, Zico tuvo el balón en sus pies. Él mediocampista  de Flamengo se preparó para ejecutar un penal sufrido por Blanco, pero le pegó mal y vio al arquero francés Joël Bats hacer su defensa. El partido fue para la prorrogación, pero continuó empatado. Y vino la decisión por penales. Esta vez Zico convirtió. Sócrates y Julio César sin embargo, perdieron sus ejecuciones y vieron la talentosa generación de los años 80 despedirse melancólicamente.

Fuente de datos: Fifa.com