La consagración de Garrincha

Solamente dos años después de haber sufrido el mayor terremoto del siglo 20, Chile recibió al Mundial en cuatro sedes: la capital Santiago, la hermosa Viña Del Mar, además de Rancagua y Arica.  Lo destacado era el Estadio Nacional de Santiago, con las montañas cubiertas de nieve de la Cordillera de los Andes al fondo como escenario.

Brasil entró en campo para defender el título. Después de encantar al mundo en 1958, Pelé llegó a Chile con status de genio de la pelota a los 21 años de edad. Una contusión del crack enseguida, en el segundo partido, obligó a la Selección Brasilera a buscar otras alternativas. Y  Brasil tenía por lo menos dos cartas ganadoras para llevarse el bicampeonato: el intempestivo Garrincha y Amarildo, el endemoniado, designado para substituir al de la camiseta 10.    

A los 25 años, en el auge de la carrera, Garrincha hizo de todo en los campos chilenos, en aquel que después sería reconocido como el mayor momento del Ángel de las Piernas Chuecas. Marcó cuatro goles en el torneo y fue descrito por el diario francés L'Equipe como "el punta derecha más extraordinario que el fútbol ya conoció."

La base de la delegación brasilera era de campeones mundiales en 1958, pero con un nuevo comandante: el técnico Aymoré Moreira, que asumió el cargo a causa de los problemas de salud de Vicente Feola. Hermano de Zezé Moreira, que había dirigido a Brasil en 1954 en Suiza, Aymoré apostó en el esquema táctico 4-3-3. En el primer partido, victoria de 2 a 0 sobre  México, con goles de Zagallo y Pelé. Pero contra Checoslovaquia, Pelé dejó el campo con una lesión en la pierna izquierda.

Frente a España, que contaba con el húngaro naturalizado Puskas, Brasil tuvo dificultades: salió en desventaja con un gol de Adelardo Rodriguez. Pero fue justamente el substituto de Pelé que salvó a la patria. Amarildo hizo dos goles y decretó la victoria por 2 a 1.

El adversario de los cuartos de final fue Inglaterra. El partido tuvo derecho a un perro que invadió el campo, pero quien brilló verdaderamente fue el endiablado Garrincha. Abrió el marcador, cobró la falta que resultó en el segundo gol, de Vavá, y cerró la cuenta con un petardo de afuera del área: 3 a 1 Brasil.

Los anfitriones contaban con 80 mil voces a favor para llevarlos a la final, pero lo que los chilenos vieron en la semifinal fue un show más de Garrincha. Marcó dos goles y ayudó a Brasil a golear por 4 a 2. Vavá hizo los otros tantos brasileros en el juego. La selección chilena tendría que conformarse con el tercer lugar.

En la final, de nuevo Checoslovaquia. Los comandados de Rudolf Vytlacil habían empatado con Brasil en la primera fase, pero en la final eran claramente las sorpresas. Así mismo, fueron los checos que abrieron el marcador, con Josef Masopust, mediocampista  que recibiría el premio Pelota de Oro de la revista France Football en la final de aquel año.

La alegría duró poco. Dos minutos después, Amarildo engañó al arquero Schroif con un tiro casi sin ángulo por el lado izquierdo. En el segundo tiempo, Amarildo cruzó para que Zito rematara de cabeza, dando vuelta el juego a favor de los brasileros. Después de la falla de Schroif en una pelota tirada al área, Vavá selló la victoria por 3 a 1. El mundo era verde y amarillo una vez más.

Fuente de datos: Fifa.com