El Maracanazo húngaro

Lo imponderable volvió a dejar sus marcas en un Mundial. Cuatro años después de que Brasil viera escapar el título frente a Uruguay, fue el turno de una de las supremacías más incontestables de la historia del fútbol desmoronarse frente a la fuerza física y la obstinación de los alemanes. La poderosa Hungría, campeona olímpica en 1952 y dueña de un fútbol sumamente ofensivo y eficiente, llegó a la final del torneo con una marca envidiable: 31 partidos invicto y la retrospectiva de una goleada por 8 a 3 frente a los mismos alemanes en la primera fase.

La más grande estrella húngara era Ferenc Puskas, el "Mayor Galopante". La selección comandada por Gusztav Sebes tenía otros jugadores de extremo talento. Además de Puskás, se destacaban los atacantes Sandor Kocsis y Nandor Hidegkuti y el mediocampista Jozsef Bozsik.

En la etapa inicial, en cada grupo de cuatro países, los dos cabezas de serie enfrentaban solamente a las dos otras selecciones y no jugaban entre sí. De este modo, el técnico de Alemania, Sepp Herberger, fue para el juego contra Hungría sabiendo que podría perder y aun así clasificarse en segundo lugar si derrotase en un partido extra al otro cabeza de serie,  Turquía, al cual los alemanes ya habían vencido por 4 a 1. Herberger hizo siete cambios, asistió a una sonora goleada frete a Hungría, pero llevó un equipo mucho más fuerte al vencer por 7 a 2 el partido extra frente a Turquía para llegar a los cuartos de final.

Lluvia de goles 

Con 41 goles solamente en el grupo de Hungría, la competición en suelo suizo fue la edición del Mundial de la FIFA con el mayor número de goles marcados. En 26 juegos, las redes se agitaron 140 veces, con un promedio superior a cinco por partido. Otro record fue el de 12 goles en un mismo juego, en el encuentro entre Suiza y Austria en los cuartos de final. Los dueños de casa hicieron tres goles (3 a 0) en 19 minutos, recibieron cinco goles en un período de solo diez minutos antes del intervalo y terminaron perdiendo por 7 a 5.

A pesar de la lluvia de goles, los debutantes Corea del Sur y Escocia terminaron en cero en la posición de los respectivos grupos.  Escocia recibió un 7 a 0 de Uruguay, que probó ser el verdugo británico al eliminar a Inglaterra en los cuartos de final por 4 a 2.

El siguiente adversario de Uruguay sería el vencedor del encuentro de los cuartos de final entre Hungría y Brasil. Los brasileros usaban por primera vez la famosa camiseta “canarito” (auriverde), elegida en un concurso nacional. Pero la esperanza de conquistar el primer título mundial terminó después de un encuentro turbulento que quedó conocido como la "Batalla de Berna". Kocsis, que después sería el goleador de la competición con 11 goles, balanceó la red dos veces en la victoria húngara por 4 a 2. El juego quedó marcado por las expulsiones del húngaro Bozsik y de los brasileros Nilton Santos y Humberto, además de una pelea en los vestuarios.

Dos goles de cabeza marcados por Kocsis en la prórroga ayudaron a Hungría a obtener un resultado idéntico en la semifinal frente a Uruguay. La Celeste Olímpica, que había conquistado las dos únicas Copas del Mundo de la FIFA que disputara, consiguió recuperarse de una desventaja de 2 a 0 con dos goles de Juan Holberg, pero al final tuvo que aceptar su primera derrota en la historia de la mayor competición del fútbol mundial. Mientras los húngaros enfrentaban dos duelos dilacerantes,  Alemania Occidental avanzaba hacia la final sin mayores dificultades, derrotando a Yugoslavia por 2 a 0 y demoliendo a la vecina Austria por 6 a 1. En este último partido, los hermanos Fritz y Ottmar Walter marcaron dos goles cada uno.

El “Milagro de Berna”

La final se disputó en un encharcado Estadio Wankdorf el día 4 de julio de 1954. Las condiciones del tiempo eran de un buen presagio para Alemania Occidental, porque el capitán y mediocampista goleador Fritz Walter tenía notorios problemas con el calor después de haber sufrido con la malaria durante la guerra. Los simpatizantes alemanes conmemoraron lo que dieron en llamar "clima Fritz Walter".

A su vez,  Hungría tenía dudas sobre las condiciones físicas de Puskas, que no había participado de los dos partidos anteriores después de haber recibido un golpe en el tobillo por Werner Liebrich,  justamente en el primer encuentro con  Alemania Occidental.  Aún sin totales condiciones, Puskas abrió el marcador a los seis minutos. A los ocho, los favoritos ya hacían el 2 a 0 después que el arquero alemán Toni Turek dejara la pelota en los pies de Zoltán Czibor. Sin embargo, sólo fueron necesarios diez minutos más para que los alemanes empataran. El primer gol vino con una finalización de Morlock. Después fue Rahn quien concluyó un tiro de esquina efectuado por Fritz Walter.

La lluvia siguió torrencial, la tensión aumentó y solamente el travesaño impidió el gol de Hidegkuti. Pero, faltando solo seis minutos, Rahn tomó la pelota en la entrada del área y pateó de pierna izquierda al ángulo. Todavía hubo tiempo para Puskas tener un gol anulado por el juez de línea antes de que el silbato final confirmara la derrota de Hungría y el nacimiento de una nueva potencia del fútbol mundial. El partido quedó conocido como el “Milagro de Berna”.

Fuente de datos: Fifa.com