Brasil sufre una decepción del tamaño del Maracanã

Con Europa  levantándose de la Segunda Guerra, le tocó a Brasil encargarse de retomar la rutina cuadrienal de los Mundiales de la FIFA, interrumpida en 1942 y en 1946 por el conflicto bélico. Frente al desafío de recibir el evento, el país resolvió entregar al mundo el más grande escenario para la práctica del fútbol en el planeta. Es verdad que todavía se veían andamios en la estructura del Maracanã durante los partidos del Mundial, pero el templo del deporte pasaría a la eternidad como el escenario de la mayor tristeza deportiva ya registrada en tierras nacionales: la victoria por 2 a 1 de Uruguay sobre Brasil, en el partido decisivo. El evento quedó conocido como el Maracanazo.

Antes del capítulo épico asistido oficialmente por 174 mil espectadores en el estadio de Río de Janeiro, vale agregar algunas observaciones sobre el torneo, que tuvo algo de inusitado. Primero, por la cantidad de bajas. Trece selecciones se presentaron, pero hubo abandonos significativos, como el de Argentina y Francia. Los franceses alegaron ser impensables los traslados internos dentro del país de hasta 3,5 mil kilómetros entre un partido y otro.

Ya la India desistió de enviar su seleccionado al saber que sus atletas no podrían actuar descalzos. Inglaterra, a su vez, estrenó en mundiales de forma melancólica. Perdió los dos partidos que disputó contra Estados Unidos y España, y volvió más temprano a casa.

Otras dos clasificadas, Escocia y Turquía, también optaron por no enviar sus agremiaciones.

Los partidos del Mundial de 1950 fueron disputados en seis estadios: Isla del Retiro (Recife), Independencia (Belo Horizonte), Pacaembu (San Pablo), Durival de Brito (Curitiba), Eucaliptos (Porto Alegre) y Maracanã (Río de Janeiro).

Las 13 selecciones se encontraron con un reglamento poco ortodoxo. Principalmente porque no hubo una final propiamente dicha. Ocurrió que Uruguay y Brasil debían enfrentarse en la última rueda en un partido que valía el título, pero la fase decisiva, verdaderamente, era un cuadrangular, que incluyó también a España y Suecia. Brasil llegó al duelo definitivo con un historial animador: goleadas por 7 a 1 sobre Suecia y 6 a 1 sobre España. Los uruguayos habían empatado 2 a 2 con los españoles y vencido a los suecos por 3 a 2. Por eso, Brasil jugó contra los rivales suramericanos, campeones de la primera edición del Mundial en 1930, precisando solamente  de un empate.   

Dado ese escenario, los diarios anunciaron el título antes de hora y políticos afirmaron categóricamente que la copa era brasilera. Delante de 174 mil personas en el Maracanã, la profecía parecía aún más nítida, cuando a los dos minutos del segundo tiempo Friaça abrió el marcador. El partido, en que había simpatizantes hasta “colgados de la araña” como solía decir el cronista Nelson Rodrigues, reservaría espacio, no obstante, para el famoso Sobrenatural de Almeida, entidad también creada por el famoso escritor.  Juan Schiaffino y Alcides Ghiggia hicieron los goles que decretaron el bicampeonato de la “Celeste” y una espera de ocho años más, para aquel que llegaría a ser un día, el país del fútbol.

El trauma devenido del resultado fue tanto, que el uniforme blanco usado por Brasil en la final terminó “fuera de servicio”. Se hizo un concurso para elegir la nueva vestimenta de la selección. El periodista y estudiante de Derecho Aldyr Garcia Schlle, de 18 años en esa época  fue el vencedor. Después de probar diferentes combinaciones, él llegó a la conclusión de que los colores que representaban la nacionalidad de los brasileros eran el verde y el amarillo (utilizados en la camiseta). El azul se colocó en el pantalón corto y el blanco en las medias.

Tragedia y eliminación

Bicampeón mundial en las ediciones de 1934 y 1938, Italia llegó a Brasil extremamente reducida para defender los títulos. Vencedora de los Juegos Olímpicos de 1948, la “Azurra” perdió muchos de sus atletas destacados, en un accidente aéreo que mató 19 jugadores del Torino, uno de los principales equipos italianos de la época. Una derrota contra Suecia por 3 a 2, eliminó a los campeones aun en la primera fase. En un partido solo para cumplir el calendario, los italianos se despidieron del torneo con una victoria por 2 a 0 sobre Paraguay.

Fonte dos dados: Fifa.com