El nacimiento de un gigante del fútbol

Bajo la mirada atenta del dictador Benito Mussolini, Italia cumplió, con el título, la doble misión de proyectarse en el escenario deportivo y político internacional en el Mundial de 1934. El segundo mundial organizado por la FIFA despertó el interés de 32 selecciones. Se necesitó entonces, por primera vez, realizar eliminatorias. La propia Italia, aun siendo anfitriona, precisó disputar un encuentro selectivo contra Grecia para garantizar su participación. La ausencia más significativa fue la del equipo campeón de 1930. Uruguay desistió de defender el título (hecho que nunca más se repetiría en la historia de los mundiales) como dando una respuesta al boicot italiano en la edición de cuatro años antes.

En el ámbito tecnológico, una de las grandes novedades fue la transmisión radiofónica en vivo de los partidos, en 12 países. Con la pelota rodando, la hegemonía europea se mostró evidente. Los ocho clasificados para los cuartos de final pertenecían al Viejo Continente. El reglamento era en estilo de eliminación directa. Los 16 equipos clasificados para la fase final se enfrentaban en partido único. En caso de empate, prórroga. Si persistiera la igualdad, nuevo duelo al día siguiente.

En el encuentro decisivo, frente a 50 mil espectadores, Raimondo Orsi y Angelo Schiavio fueron los autores de los goles de Italia. En verdad, un vuelco de juego digno de un título.  Checoslovaquia marcó el 1 a 0 a los 36 minutos del segundo tiempo. Los italianos encontraron el empate en el final y consiguieron el trofeo en la prórroga.

La campaña de los campeones fue consistente. En el estreno, aplicaron la mayor goleada del torneo: 7 a 1 sobre los Estados Unidos. En los cuartos de final, precisaron de dos partidos para eliminar a España. El primer duelo terminó 1 a 1. El segundo partido ganaron los italianos 1 a 0, a pesar de los numerosos reclamos de los ibéricos por goles supuestamente mal anulados.

En la semifinal, los italianos vencieron a Austria por 1 a 0. Los adversarios eran conocidos por su fútbol de toques cortos y por la ofensiva. Habrá quien diga que Italia contó con la “ayuda providencial” de San Pedro, que mandó mucha lluvia el día del enfrentamiento, encharcó el césped e igualó las condiciones de los equipos.

Brasil reincidente

Sin los uruguayos, entonces campeones, les tocó a Brasil y Argentina el papel de representantes de América del Sur en el Mundial de 1934. Los dos países, que se convertirían en grandes potencias del fútbol, tuvieron participaciones periféricas. Los argentinos cayeron en el estreno frente a Suecia, por 3 a 2, y los brasileros perdieron con España. Argentina jugó sin ningún atleta del equipo de 1930. Varios atletas cambiaron de lado y adoptaron a Italia, país de origen de muchas de las familias de los jugadores. Uno de ellos, el mediocampista  Luisito Monti, tuvo una actuación decisiva en la conquista italiana.

Brasil repitió la receta sin éxito del Mundial anterior. Dirigentes de los estados de Río de Janeiro y de San Paulo no consiguieron resolver las divergencias políticas, y el equipo, que viajó 15 días de navío hasta Italia, no pasó del primer duelo, en la peor campaña del país en la historia de los mundiales: 3 a 1 para España. En esa oportunidad, el telón de fondo de la discusión era una discordancia entre el aprovechamiento o no de atletas profesionales. La Confederación Brasilera de Deportes (CBD) condenaba el profesionalismo adoptado por muchos paulistas. Al final, la selección terminó compuesta por un elenco eminentemente de Río de Janeiro, con nueve atletas del Botafogo. Hubo solo un entrenamiento antes del estreno. El gol solitario de la campaña nacional fue de Leónidas da Silva, que comenzaba a construir su historia en la Selección Brasilera.

Fuente de datos: Fifa.com