Entrevista: Zinho, el campeón mundial que consolidó la profecía de la madre

22/04/2014 - 19:09
Mediocampista del equipo que conquistó el tetracampeonato en 1994 inició la relación con la Selección por líneas torcidas, a los tres años, cuando se perdió de la familia durante la conmemoración del tricampeonato. Allí, la madre del atleta, Moyseslita, rezó y dijo que, si lo encontrase, su hijo actuaría por Brasil

Foto: Danilo Borges/Portal de la Copa#El chico de Nova Iguaçu (RJ) tenía tres años cuando el país explotaba en fiesta con el tricampeonato mundial de fútbol, conquistado en México.  Pero el pequeño Crizam César de Oliveira Filho fue motivo de preocupación en aquel 21 de junio de 1970: en medio de la conmemoración, se perdió en Petrópolis, otra ciudad de Río de Janeiro. El zapato del pie izquierdo quedó en casa. La madre rezó todas las oraciones para que el hijo reapareciese.

“Mi familia salió a buscarme y por suerte me encontró. Pero dicen los familiares que allí mi mamá hizo una profecía. Ella era muy religiosa, entonces rezó mucho y dijo que, si yo apareciese, iba a verme un día en la Selección”, nos cuenta el zurdo Zinho.

En efecto, el muchacho fue campeón del mundo, en 1994, en el Mundial del tetra nacional, disputado en los Estados Unidos. Pero doña Moyseslita y Zinho no conmemoraron juntos. “Ella falleció el día en que nos clasificamos para el Mundial, cuando ganamos por 2 a 0 a Uruguay, en el Maracanã. Fui directamente desde allí al hospital. Cuando llegué, mi madre estaba entubada. Pude apretar su mano. Al día siguiente, los titulares eran de clasificación para el Mundial y yo estaba en el cementerio enterrando a mi madre. Ganar el Mundial fue para ella” contó el jugador.

Muchos de los que asistieron al desempeño de Zinho en aquel Mundial no reconocieron al mediocampista ofensivo que encantaba en el Palmeiras. El ajuste en el esquema táctico del técnico de la Selección, Carlos Alberto Parreira, hizo con que jugase de manera diferente, dando más apoyo a la defensa.

“Me gustaría haber tenido más libertad pero, al mismo tiempo, siempre fui un jugador obediente, tanto en lo táctico como en lo colectivo, siempre pensé en el “nosotros” y no en el “yo” Mi posicionamiento en campo era diferente, pero mi importancia para el partido era igual”, dijo.

La conquista del Mundial, según él, mostró que el sistema rindió buenos resultados. Pero Zinho no se libró de las críticas y recibió el sobrenombre de enceradora. “Me molestó mucho. La prensa me molestó porque fueron injustos, Y lo que molestó, principalmente, principalmente, fue un programa humorístico. Uno ve el sufrimiento de su padre, de su esposa. Esa gente hace chistes y se olvida que existe la familia”, expresó.

Hoy en día, Zinho es Gerente de Fútbol del Santos y tiene en su equipaje una enorme lista de títulos como jugador, que incluye la Copa Brasil, cinco campeonatos brasileros - un récord – Copa Libertadores y varios estaduales.

Fotos: Getty Images#

La profecía de 1970

En 1970, yo tenía tres años. Recuerdo solamente que me perdí, porque estaba en Petrópolis (RJ). Mis primos mayores salieron para conmemorar la victoria y yo fui atrás. Solo que ellos no me vieron y me perdí. Mi familia salió a buscarme, y por suerte me encontró. Yo había perdido el pie izquierdo del zapato, que quedó en casa. Dicen los familiares que mi madre hizo una profecía. Ella era muy religiosa, entonces rezó mucho y dijo que, si yo apareciese, un día iba a verme jugar en la Selección.

Primeros recuerdos

Del Mundial de 1974, recuerdo algunas cosas. Me gustaba Rivellino. En 78, ya estaba con 11 años y ahí ya jugaba, quería ser jugador, me gustaba la pelota. Recuerdo a Zico, Roberto Dinamite, Edinho. Pero realmente el Mundial en el cual cinché, aquél que yo vi, fue el de 1982. Ya jugaba en la base del Flamengo. Uno ya entiende de fútbol, mis ídolos estaban allí - Júnior, Leandro, Zico, Falcão. Edinho no era titular, pero a mí me gustaba mucho. Aquella Selección encantó al mundo. Lloré mucho en la eliminación. En 1986, fue el año en que ascendí al plantel profesional del Flamengo.

El Mundial de 1990 visto de lejos

Mi primera convocación para la Selección fue en 1989. Tenía 21 años y sabía que había algunos jugadores delante mío, pero como fui convocado para muchos partidos, había una expectativa. Seguir de lejos es un poco triste, pero pensé que aún tendría tiempo. Duro es cuando uno no es convocado ya con 30 años. Ahí se terminó. Pero yo estaba iniciando la carrera. Cuando los resultados no vienen, uno piensa “Si yo hubiese ido, podría ser de ayuda”. La Selección no hizo un buen Mundial. Entre bambalinas, fue desorganizada. Había divergencia entre jugadores, fiesta. Y eso acabó siendo importante para nuestra conquista de 1994.

Convocación para 1994

Yo ya sabía que iba al Mundial. Hice las eliminatorias, había jugado muchos partidos amistosos. Comencé a ganar títulos. En 90 fui campeón de la Copa Brasil. En 91, campeón carioca. En 92, campeón brasileiro. En 93, campeón paulista y campeón brasilero... Todo eso me dio experiencia, credibilidad y la aprobación de todos, del entrenador, jugadores, de la prensa, del hincha. Hice una buena eliminatoria. Cuando terminó el último partido, yo ya lo sabía. No me quedé en la expectativa para la convocación final. No recuerdo quedarme sentado en un sofá esperando, tal como lo había hecho en 1998, sin resultados.

Eliminatorias

Perdimos contra Bolivia y fue la primera derrota de la Selección en una eliminatoria. Entonces nos quedamos marcados negativamente en la historia. Y encima de todo empatamos con Ecuador. No vencimos los dos primeros partidos, la presión de los medios era fuerte y eso se extendió a la hinchada. Me parece que eso fortaleció al grupo.

Quédate, Parreira

Recuerdo que, ya en la Granja, Parreira reunió al grupo e iba a pedir su desvinculación. Ahí, los más experimentados - Branco, Ricardo Rocha, Dunga, Jorginho, Ricardo Gomes – que ya habían jugado el Mundial de 1990 y sabían que el ambiente allá fue crucial para que a la Selección le fuese mal, sabían también que la conducta y el profesionalismo de Parreira serían fundamentales. El grupo se unió y pidió su permanencia, luego vino un abrazo y dijo que lo haríamos juntos. Tengo la seguridad de que comenzamos allí mismo a ganar el Mundial.

Pérdida de la madre

No dejé trasparecer eso ni en la Selección ni en los medios. Hay tanta gente que sufre, ¿no es cierto?  Cuando uno tiene un cierto nombre, eso puede crear un clima como de “pobrecito”. Algunos amigos sabían lo que yo estaba pasando. Ella sufrió una isquemia, que se juntó a la depresión, se le paralizó un lado del cuerpo porque tuvo un derrame. Fue un proceso largo, durante toda la eliminatoria. Ahí ella tuvo una buena mejora y el médico aconsejó montar una especie de hospital en casa. Así fue recuperando los movimientos, el habla, y todos teníamos la esperanza de que se curaría.

El sábado, en vísperas del último partido contra Uruguay, entrenamos en el Maracanã, donde se jugaría el partido. Mi padre fue a visitarme a la concentración y comentó que mi madre había empeorado y que había sido internada nuevamente. Fui al partido y nos clasificamos. Ganamos por 2 a 0. Todo el mundo estaba tan alegre, conmemorando, y ¿sabe, cuando uno no está con ese clima? Yo no conseguía sentirme feliz, no estaba bien.

Fui directo desde allí al hospital. Cuando llegué, mi madre estaba  entubada. Dio tiempo de entrar con mi esposa y apretar su mano. Al día siguiente, los titulares eran de clasificación para el Mundial y yo estaba en el cementerio enterrando a mi madre. Ganar el Mundial fue para ella. Viene toda la historia. Si mi madre estuviese aquí… Pero fue por ella, una profecía de ella, un sueño que ella tenía. Ella siempre me apoyó.

Sistema táctico

Fuimos una Selección muy exigida por el sistema táctico implantado. Era un fútbol de organización, un cambio de concepto. Parreira organizó esa parte sin la pelota, organizó la concentración, impuso seriedad, profesionalismo y eso no fue muy bien entendido por buena parte de la prensa.

El equipo no jugaba aquel fútbol lindo y la gente no estaba entendiendo la formación táctica. Parreira quería igualar al fútbol europeo sin la pelota. Y ahí sí la cualidad individual iba a aparecer, porque nosotros jugábamos con Romário y Bebeto, que estaban en el mejor momento de la vida. Entonces, si no nos hacían gol, nosotros íbamos a hacer por lo menos uno.

Palmeiras versus Selección

Abrazamos el sistema táctico, pero para mí no fue bueno. Había jugadores cruciales para que todo funcionase bien, y yo era uno de ellos. Mi fútbol no apareció mucho en la parte individual. En esa época, fui crucificado por no haber jugado como jugaba en el Palmeiras.

Mi posicionamiento era diferente, pero mi importancia para el partido era igual. Uno es un mediocampista de libertad, de moverse, de llegada y, de repente, uno se convierte en un mediocampista que se queda guardado en un sector del campo, para acompañar a un lateral, para cerrar como volante, todo eso cambia. Pero el título es fundamental porque muestra que el sistema funcionó.

Me gustaría haber tenido más libertad, pero, al mismo tiempo, siempre fui un jugador obediente tácticamente,  y colectivo, siempre pensé en el ‘nosotros” y no en el “yo”.

Apodo de Enceradora

Me molestó mucho, la prensa me molestó, porque fueron injustos. Y lo que me molestó, principalmente, fue un programa humorístico. Uno ve el sufrimiento de su padre, de su esposa. Esa gente hace chistes y se olvida que existe la familia.

Partido contra Holanda

Todo el mundo pensaba que era una final anticipada y enseguida hicimos 2 a 0. Ellos eran muy buenos. Ahí vino el empate. Dentro del partido, la carga psicológica era mejor para ellos. Pero vienen esas cosas del destino. Fue el primer partido en el cual entró Branco. Si Leonardo no hubiese sido expulsado en el partido anterior, Branco no habría jugado, entonces es algo que tiene que suceder. Branco tenía que marcar al mejor jugador de los otros, el rápido Overmars. Yo tenía que quedarme incluso más atrás para proteger a Branco, y fue justamente él quien pateó la falta que dio origen al gol de la victoria.

Semifinal contra Suecia

El mejor jugador en campo fue el arquero de Suecia. Aquel puntapié que di desde fuera del área, además de ser difícil de defender, también se desvió en un jugador. Él estaba adelantado, consiguió volver y la sacó de mano cambiada.

Tenía aquella ansiedad de semifinal, pero la confianza era grande. Teníamos la convicción del sistema de juego, de la función de cada uno. El marcador casi siempre fue 1-0, pero si uno lo observa, ningún equipo fue mejor que Brasil en los partidos. Ganamos los partidos por poca diferencia, pero con superioridad.

La final

Hay partido donde se tienen menos posibilidades que en otro y termina dando 2-0, 3-0. Ellos también tuvieron su oportunidad. Romario hizo el gol mucho más difícil que los que perdió en aquel partido. Yo también perdí uno. Fue 0-0, pero hubo varias ocasiones de gol y tuvo calidad técnica. Era para decidirlo en los penales.

Salí en el segundo tempo de la prorrogación. Parreira acometió y colocó un atacante más. Cuando terminó, nuestro grupo estaba bien, a punto de que Romário, que no estaba designado para patear penales, levantó la mano y pidió patear. El mejor pateador en los entrenamientos era Márcio Santos y perdió. Yo era uno de los designados para patear, así como Raí, pero él tampoco estaba ya entre los titulares. Ahí entró Branco, entró Dunga, estaba Bebeto para patear por último, Márcio Santos y Romário.

Fue por competencia. No fue por suerte. Entrenamos, nuestro equipo estaba con cuerpo, mejor en el partido, con confianza para vencer. Teníamos un arquero frío, que asustaba. Baggio conocía a Taffarel, tenía que patear fuerte, sacársela.

Cuando terminó fue el éxtasis, fiesta. Uno no sabe para dónde correr, cómo conmemorar. ¡Ser campeón del mundo! Nunca había ganado aquel título. No planifiqué como iba a conmemorar, pero abracé a mis compañeros, di la vuelta olímpica con el trofeo, coloqué mi medalla.

Recepción en Nova Iguaçu

Cuando llegué a Brasil, fue excepcionalmente bueno: Recife, Brasilia, Río. Pero lo especial fue cuando llegué a mi ciudad, Nova Iguaçu. Cerraron mi calle, mis amigos de la infancia hicieron una fiesta. Vino la banda del colegio donde estudié, había samba. Pero yo precisaba descansar y a la tarde fui a dormir un poco. Cuando desperté, a las 20h, todo el mundo estaba aún en la calle. Ahí uno ve la importancia en lo que uno participó, para el país, su estado, su ciudad. Eso fue sensacional.

Mundial de 2014

Tengo mucha confianza, me parece que Felipão y Parreira han montado un grupo fuerte, tenemos jugadores con talento, jugamos en nuestro país, nuestra hinchada está apoyando. Brasil es favorito, pero hay otras selecciones fuertes: Argentina, Alemania, España, las tradiciones de Italia, de Francia, podemos tener sorpresas, como Bélgica, que hizo una óptima campaña (en las eliminatorias). Nuestro país está fuerte, pero luego en la próxima fase nos puede tocar algo complicado. Y en un partido sucede de todo. Una jugada puede definir. Si todo anda bien, sin sorpresas, nuestra selección es la favorita. Estoy cinchando con mucho empeño.

» La redención de Dunga y la ascensión de Romario

Carol Delmazo - Portal de la Copa

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